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¿Por qué dicen que la alimentación es la mejor medicina?

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A lo largo de los años, desde que tengo conciencia, he escuchado a mis mayores repetir una y otra vez la frase de “que tu alimento sea tu medicamento”. Y lo cierto es que nunca le he dado mayor importancia hasta que la treintena asomaba por la esquina y uno se empieza a dar cuenta de que la falta de descanso se empieza a pagar con un precio cada vez más alto.
Vivimos en una sociedad que acelera y no pisa el freno, hemos descuidado aspectos esenciales de la familia y la salud para poder cumplir con nuestro horario de trabajo y las obligaciones sociales que se nos han impuesto con un modelo de consumo imparable. Pero, ¿merece la pena vivir así? Es comprensible que una familia no disponga de tiempo para preparar la comida durante 3 horas a fuego lento, pero esto tampoco es excusa para la comodidad y, por ello, abandonarse a los preparados precocinados.

La clave de la alimentación es la disciplina y la organización. Tras estudiar un master en nutrición deportiva me he dado cuenta que lo más importante es saber identificar la calidad y la procedencia de los alimentos que consumimos y, por mucho que cueste, dedicar un tiempo mínimo a preparar las comidas del día de forma correcta.

Lo primero de todo es saber que para nutrirse de forma correcta tenemos que huir de ciertos alimentos: el arroz refinado, la harina refinada, los cereales refinados, el azúcar refinada y la sal yodada. Todos los alimentos que se han tratado industrialmente no son sanos, por mucho que la industria se empeñe en hacernos creer que tienen aceites esenciales, más calcio o que la nueva fórmula más cremosa fortalece el sistema inmunitario. Industrial = NO.

No se trata de eliminar alimentos, lo importante es saber que proceden de una fuente fiable y que no están refinados ni alterados. Y es que el valor nutricional de los alimentos refinados o precocinados son ricos en sal, grasas y conservantes, pero muy pobre en micronutrientes esenciales. 

Por otro lado, la otra regla fundamental a la hora de llevar una nutrición saludable, es la paciencia y la organización. Si llegamos tarde a casa, deberemos planificar las comidas de la semana con antelación, hacer un horario y, por ejemplo, dejar la comida preparada por la noche para calentarla al medio día o darle un pequeño golpe de calor en el horno.

No se trata de hacer un cambio radical, ni de pasar 8 horas encerrado en la cocina o en el supermercado analizando alimentos. Se trata de gastar 20 minutos todos los días en planificar una parte esencial de nuestra vida, que es la alimentación y sobre la que se erigen los cimientos de nuestra salud.

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